Dr. Jesús Robles Villa

Prensa

México país de microempresarios

January 24th, 2011

A lo largo de los últimos 30 años, México se ha debatido , en una cadena interminable de crisis de distinta naturaleza, económica, financiera, política, migratoria, de desempleo, de crecimiento negativo de su economía, sólo por mencionar algunas de tales crisis.

El gobierno federal, a través de sus mecanismos e instrumentos de política del desarrollo, ha intentado diversas soluciones con el propósito de romper esa inercia de inmovilidad, que mantiene el país en diferentes niveles indicadores de retraso, de falta de despegue y de pérdida de competitividad y de aprovechamiento de oportunidades, con decisiones como la de la apertura indiscriminada al mercado global, que desde mediados de los ochenta, tomó el gobierno federal.

En diferentes informes de corte estadístico, se menciona que más el 98% de las empresas en México son micro y pequeñas empresas, de un solo propietario, y se habla de ciclos de vida en promedio no mayores a los seis años, aunque no existe acuerdo respecto a este plazo promedio de vida de las micro y pequeñas empresas, para quienes nos dedicamos a la promoción y desarrollo económico de empresas, sectores, regiones, como consultores profesionales, sabemos que existe algo que se denomina como: “el valle de muerte” de las micro y pequeñas empresas, que significa que la tasa de mortalidad de las nuevas empresas creadas por empresarios individuales, hace que rara sea la empresa que llegue más allá de los cinco años de vida.

Lo paradójico de esta situación, es que a pesar del evidente éxito comercial de muchas de estas micro y pequeñas empresas, a veces en plazos menores al año, tienen que cerrar operaciones, fundamentalmente debido a la falta de recursos financieros para sostener su operación y crecimiento, pues frecuentemente, aun produciendo productos y servicios de buena calidad y de amplia aceptación en el mercado, el propio crecimiento de necesidades de recursos financieros para financiar inventarios, cuentas por cobrar, recursos líquidos para pagar los costos de operación, entre otros, que se incrementan como producto de su éxito comercial, les impiden seguir operando, pues los escasos recursos del patrimonio personal del dueño, no son suficientes para cubrir las necesidades del capital de trabajo, que se incrementan en forma inmediata a medida que se da el éxito comercial de los bienes o servicios que produce, manifiesto en la demanda creciente de sus clientes, frecuentemente intermediarios entre el productor y el último consumidor, quien también por falta de recursos, se “recargan” o apoyan en el productor, solicitándole plazos muy largos comparados con su ciclo de rotación del capital de trabajo, que requieren para su operación con escasos recursos financieros.

Las grandes empresas de comercialización, frecuentemente estrangulan a estos micro y pequeños empresarios, al utilizarlos como fuente de financiamiento para su propio crecimiento en la apertura de nuevos locales comerciales, pues les retrasan el pago más allá de los plazos convenidos, ya de por sí demasiado extensos para las necesidades operativas de los microempresarios.

Por otra parte todas las vicisitudes vividas por el sector de intermediarios financieros en este país, que han pasado también por diversas crisis, nacionalización, reprivatización, venta a agentes financieros especializados internacionales o extranjeros, crisis global del sector financieros como la de el 2008 y otra cantidad innumerable de vicisitudes y riesgos que han vivido, mantienen a los inversionistas de este sector de la la actividad económica, con una bajísima propensión a incurrir en riesgos operativos y financieros, que vuelvan a hacer caer las instituciones financieras del país, en aquel fenómeno conocido en la década de los ochenta y de los noventas, como la “cultura del no pago”, que fue también producto del desorden financiero de los banqueros estatales, que durante el largo período en que estuvo vigente la estatización de la banca, manejada por políticos y amigos de políticos, fuera de la ortodoxia de las normas de una sana operación de intermediarios financieros, tanto jurídicas, como de buenas prácticas para el éxito de esta actividad.

Las cifras de los empresarios dueños de micro y pequeños negocios pasa de los 4 millones y medio de mexicanos, y es costumbre cultural, iniciar pequeños negocios con escaso patrimonio del propietario, con la falsa creencia de que con el éxito operativo, se generarán los recursos necesarios para financiar el crecimiento, en el mejor de los casos el empresario que decide correr riesgos para fundar un pequeño negocio, cuando sufre la restricción de la escasez de recursos para financiar su operación, acude a invitar a familiares y amigos a que aporten capital de riesgo para el negocio, pero más frecuentemente acude a toda la gama de intermediarios financieros que se aprovechan de las presiones y necesidades de este tipo de clientes sin preparación, información financiera, etc. y les exigen garantías leoninas, en plazos estranguladores y con costos financieros de capital, que hacen imposible seguir operando en condiciones de usura.

Es notorio que los mexicanos no tenemos una gran propensión a asociarnos en aventuras de negocios, la historia de la sociedad anónima como figura jurídica, evidencia esa falta de propensión, cada vez menor, a admitir socios y por ende capital de riesgo, en el inicio y consolidación de negocios que podrían llegar a crecer, pero que por la falta de liquidez y de capital, se inicia normalmente y se mantienen como micros y pequeños negocios. A finales del siglo XIX, el jurista Tedosio Lares, a quien se registra en los anales de la historia del derecho mercantil en México, como el autor del primer código de comercio, propuso la creación de distintos tipos de sociedades, pero por lo que se refiere a la sociedad anónima, planteó originalmente que fuera constituida por 25,000 socios, cifra inoperante por la falta de mecanismos e instituciones, así como de cultura para manejar tan amplio contingente de inversionistas, durante todo el siglo veinte el número de socios requeridos para formar la sociedad anónima se fue disminuyendo, y el el último tercio del siglo veinte hubo dos etapas, la de aquélla en que se requerían cuando menos cinco socios, luego se redujo a dos socios como mínimo; En el 2010, se difundió la propuesta de un anteproyecto de ley para modificar a la sociedad anónima, con el propósito de hacerla de un solo socio.

Este rasgo cultural de una escasa propensión a asociarse, es una de las primeras causas de que más el 98% de las empresas en México sean micro y pequeñas empresas y no tengan prácticamente ninguna posibilidad de crecer, cuando el mercado de intermediarios de dinero, mediante crédito, es un mercado sumamente reducido y con enormes desviaciones producto del enorme control que ejerce las instituciones financieras crediticias y todo tipo de intermediarios financieros, quienes ante las enormes necesidades y los escasos recursos existentes para financiar operaciones de crédito a micro y pequeños empresarios, lo hacen en condiciones de usura por la imposibilidad financiera de lograr buenos resultados apoyando el crecimiento y sano desarrollo en las micro y pequeñas empresas.

Otra causa de tipo operativo que mantiene permanentemente a las empresas en la categoría de micro y pequeñas, en la escasa capacidad adquisitiva de la enorme mayoría del mercado de bienes servicios de nuestro país, integrado por más de 60 millones de mexicanos que viven considerados en la categoría de pobreza, la mitad de los cuales además, considerado como de extrema pobreza, es decir personas que viven con menos de un dólar de ingresos al día, con lo cual no les basta para satisfacer las mínimas necesidades de subsistencia, menos aún para adquirir bienes que dentro de la categoría de bienes de conveniencia, no disponen de recursos para adquirirlos, por ende para fortalecer el desarrollo en muchas micro y pequeñas empresas, que tienen que producir para nichos selectos y reducidos de mercado, que son los que tienen la capacidad para adquirir tales bienes y servicios.

Pero existe otra razón de tipo estratégico internacional, que exige que el gobierno federal mediante el mecanismo de una comisión de salarios mínimos, mantenga los salarios de la clase trabajadora, a niveles competitivos internacionales, para evitar salirnos de la competencia global de los mercados de mano de obra barata, lo cual se dice agravaría el problema del desempleo y la desocupación de un sector enorme de la población, que forma parte del ejército de mano de obra no calificada, medida está que debiera beneficiar a las micro y pequeña empresa, pero que desafortunadamente se ve contrarrestada por el espíritu que priva en la ley federal del trabajo, en la cual mediante el recurso jurídico procesal de “suplencia de la queja”, que supone que el trabajador tiene que ser sobreprotegido contra los patrones, por lo que estos en toda demanda laboral, al contrario de lo que procede en los juicios en todos los demás ordenes, en el caso del juicio laboral, el patrón tiene que probar su inocencia, y si como sucede obra de buena fe, (con más frecuencia de lo que espera la ley) contrató a un trabajador, corriendo el riesgo de por cualquier motivo baladí, ser demandado en la junta de conciliación y arbitraje, esto ha propiciado una cultura de abuso del juicio laboral, por parte un amplio sector de la fuerza laboral, apoyados también por un número cada vez mayor, de abogados especialistas en derecho laboral, que se dedican a esquilmar a los patrones, apoyando, a un creciente número de trabajadores, que fraudulentamente, apoyándose en el derecho de suplencia de la queja que los protege, se dedican a esquilmar a micro y pequeños empresarios, que cada vez manifiestan más temor a contratar personal, mediante el empleo de más trabajadores, por el exagerado temor que les provoca ser víctimas de demandas injustas y juicios laborales.

Ha sido una demanda reiterada en los últimos sexenios, la de una modificación de la ley federal del trabajo, que flexibilice y más en condiciones de crisis financieras, e inseguridad, de competencia globalizada feroz, el despido y racionalización de las plantas laborales de las micro y pequeñas empresas, en la actualidad están poniendo en ejemplo internacional, gobiernos como el gobierno del Partido Socialista obrero español, quien hizo una modificación de la ley del trabajo española, precisamente para intentar lograr la flexibilidad y la competitividad de las micro y pequeños empresarios españoles, pero en México, debido al enorme temor político de los legisladores, y a lo comprometido que están los partidos políticos con los sindicatos obreros, este expediente de modificación de la ley federal del trabajo se ha diferido indefinidamente, aunque el caso de las empresas maquiladoras, y de grandes empresas corporativas en México, se han encontrado mecanismos denominados en el argot internacional, como “shelter” u “outsourcing”, que consisten básicamente en la subcontratación de la operación de producción y ocupación de mano de obra, por una empresa diferente a la dueña del operación de producción de bienes y servicios, a la cual se le paga como compensación, exclusivamente el costo de la mano de obra y en el mejor de los casos las prestaciones de tipo legal a que tienen derecho, como el seguro social, Infonavit, sistema de ahorro para el retiro de algunas otras prestaciones contractuales de poca monta, pero es un contratista, como empresa independiente del productor, que por cierto regularmente carece de bienes patrimoniales, susceptibles de ser embargados y regularmente operan sin utilidades, para evitar la aplicación de las disposiciones legales que obligan al reparto de utilidades.

Así pues estas son algunas de las razones, que mantienen a la micro y pequeña empresa, precisamente dentro de ese rango, encadenadas a un tamaño no competitivo, ni en el ámbito local, ni en el nacional y menos aún en el mercado globalizado, por lo que urge una visión estratégica de políticos, empresarios, y líderes obreros, que mediante acuerdos de grandes visión, y al amparo de la máxima popular que reza, “cuando veas las barras de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar” y lo que hoy está sucediendo a países como Portugal, Irlanda (que dejó de ser el milagro económico irlandés), Grecia y España entre otros países europeos, que están tomando medidas draconianas en diversos órdenes de sus economías, ante la amenaza de no subsistir como naciones independientes o de dejar de formar parte de los mecanismos de asociación internacionales, como el de la Unión Europea, que tantos beneficios ha traído en los tres últimos lustros y que corren el riesgo de perderlos, por excesivo dispendio gubernamental, falta de iniciativa empresarial y obrera, que al amparo de los beneficios del sostenimiento por la vía de créditos y subsidios de la Unión Europea, esta les exige hoy una conducta económica racional y acorde a sus posibilidades.

Nosotros hemos vivido crisis de este tipo en el país, de los cuales hemos salido más o menos bien librados, pero la falta de acuerdo y capacidad política para asociarse para lograr el desarrollo económico integral sustentable de este país, así como de liderazgo efectivo y eficiente de la clase patronal y obrera, amenazan con seguir manteniendo a la economía ese país, encadenada al destino de todas las dificultades y riesgos de los micro y pequeños empresarios, que a la manera películezca, amenazan con seguir actuando, como “pequeños llaneros solitarios”.

En fin, es una reflexión de las muchas inquietudes que a diario logro captar de los empresarios que se acercan a mi en búsqueda de orientación hacia un mejor rumbo en este atribulado y cambiante mundo de los negocios, hasta la próxima.

Jesus Robles Villa

Twitter: @roblesvilla



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